Si cada persona hiciera lo que le corresponde, en el sitio en el que debe, y con la responsabilidad necesaria para que las cosas marchen de excelente forma; seguramente este mundo estuviese en mejor condición de la que hoy se encuentra.
En muchas ocasiones vemos situaciones desfavorables para cada uno y para todos en general, sin embargo, en algunos de esos, termina siendo más fácil culpar a otros que asumir responsabilidades propias.
Resulta que el ser humano desde los inicios del mundo ha dejado de asumir su responsabilidad por culpar a otros, colocando su deber en los demás. Adán lo hizo cuando Dios le preguntó por qué había comido del árbol prohibido, respondiéndo: «esa mujer que me diste me hizo caer». Y al preguntarle a ella, respondió: «la serpiente me encantó». En líneas generales, ninguno asumió su responsabilidad en el error cometido.
Hoy en día, muchos están en esa misma posición, desviando su responsabilidad a otros. Logrando traer perjuicios a muchos.
Sin embargo tenemos una buena noticia. Así como por un hombre, Adán, entró el pecado. Por un hombre, Jesús, también entró la vida eterna, en la que tenemos redención de pecados y una nueva vida llena de beneficios y Bendiciones Aseguradas. Por eso hoy podemos vivir en paz y con seguridad, pues nuestra vida está destinada al éxito.